Cuando aún estaba en
Bueno, la cosa es que un día me dijo “mire Abarzúa” – siempre me llamó por el apellido – “mire, uno se pasa un tercio de la vida estudiando, luego la mayor parte del tiempo se rompe el lomo trabajando, y luego lo que le queda es para vivir los achaques”.
Sentí esa sensación de amable bofetada interior que dan los insight súbitos (quizá como una yoko geri en la frente, para ser acorde al escenario), y pensé “¡Es verdad! ¡lo que está diciendo es verdad! ¡así funciona en la práctica el mundo!”
Al mismo tiempo de reconocer claramente que lo que decía era cierto casi en un 100 %, tuve la certeza de que eso era de lo que había que escapar. Eso era precisamente lo que había que evitar si uno quería vivir y no sólo sobrevivir.
Anoche veía Informe Especial, la segunda parte del programa destinado a lo mal que estamos los chilenos en la cama. Cualquiera que ha vivido con alguien por muchos años reconoce parcial o totalmente lo que se mostraba. Es demasiado frecuente. La pareja se transforma rápidamente en familia, y ésta en una empresa operativa y funcional que hay que luchar por mantener a flote y sacarla adelante, terminando por generar estrés como cualquier pega de alta responsabilidad. La propia autoimagen está en juego.
Mientras miraba las terapias - que básicamente consisten en maneras de rescatar el espacio de pareja, romper las rutinas, re-encantarse con el otro - pensaba que es super difícil encantarse con cualquier cosa (trabajo, pareja o lo que sea) si uno no está encantado con la propia vida. Si la propia vida le parece un tedio, una prisión, una carga. Si uno se levanta sólo para “seguir tirando”.
Por oposición, qué fácil resulta encantarse y disfrutar la pareja cuando uno está fascinado con la vida entera, cuando sientes esa sensación de maravilla, de que sí vale la pena vivir. Cuando se siente pasión por la vida en su conjunto ¡qué fácil resulta apasionarse en la pareja también!... Cuando uno tiene cuerpo, sentimientos y ganas ¡pucha que es rico encontrarse con otro! - en la cama y fuera de ella…
“Un tercio de la vida estudiando, otro tanto para romperse el lomo, y lo que queda para vivir los achaques”... ¿Cómo hemos creado esto? ¿Cómo convertimos un don en una carga? ¿Tanto éxito tuvo la socialización familiar y del colegio que no quedó rastro de nuestro centro, que nos olvidamos del sentido interno de todo? ¿Cuándo se nos olvidó cómo ser feliz – o es que nunca lo aprendimos?
Es llamativo, porque corremos aunque no tengamos idea de dónde. Nos abrumamos con diversos tipos de “responsabilidades”, y luego no sabemos cómo parar. Y seguimos tirando…
Por suerte para todos, no es posible hacer desaparecer los anhelos del corazón. El centro interior no desaparece ni nos abandona a nuestra suerte. Las ganas de ser felices siempre están, más allá de la forma en que tratemos de alcanzarlo. De hecho – y esto mucha gente no lo sabe – la mayor cantidad de los problemas psicológicos, depresiones y crisis son precisamente eso: la manifestación de un centro interior que sigue buscando, y el aviso de que andamos perdidos y extraviados, que nos alejamos un poco más de la cuenta.
¡Gracias, sensei! Osu!
http://noticias.tvn.cl/informe_especial/2008/
http://www.shotokai.com/ensayos/budorio.html








Me gustó mucho tu artículo
Creo que el problema no es trabajar sino el tipo de trabajo que esta sociedad nos obliga a tomar. Tu sensei por ejemplo, seguro le pagan por hacer clases lo cual quiere decir que ha pasado muchos años de su vida trabajando, es algo que le apasiona y seguramente no lo considera un "romperse el lomo". Si cada uno encontrara en este mundo su vocación y pudiera vivir de ella, la vida sería harto más agradable.
Saludos.